LA EXPERIENCIA MÍSTICA

LA EXPERIENCIA MÍSTICA

CUANDO LOS CIENTÍFICOS SIENTEN A DIOS...(2)

Otra experiencia que puede servir de ejemplo es la de C. H. M. Whiteman ,profesor de Matemáticas de la Universidad de Ciudad del Cabo y que está familiarizado con la metafísica y con la teología mística del Oriente y del Occidente.Veamos el relato de una experiencia que tuvo a los veinticuatro años. Durante la noche, pero no en sueños, se vio «separado» del cuerpo y elevado rápidamente a una gran distancia:

 «Repentinamente, sin ningún otro cambio, mis ojos se abrieron. En lo alto y delante de mí y, sin embargo en mí, alrededor de mí y siendo mía, estaba la gloria de la luz arquetípica. Nada puede ser más realmente luz. No se trata de una luz plana, material, sino de la propia luz creadora de la vida, desbordando amor y comprensión, y engendrando todas las otras vidas con su sustancia [...]. (N. B. Prosigo mi resumen sin incluir aquello que no interesa directamente a nuestro tema.) Lejos y hacia abajo, tanto como se pueden ver las cosas en esos momentos sin desviarte, apareció algo semejante a la superficie de la tierra. Pero esto duró solamente un momento. Parecía tratarse de una visión representativa que ponía de manifiesto la inmensa altura a la que se había elevado el alma y su vecindad con el sol. »¿Cómo podría describir la fuente? ¿Cómo describir su dirección? Aunque se dirigía hacia lo alto y hacia delante, no se trataba de una dirección geométrica y en relación con alguna otra cosa, sino de una dirección absoluta por su propia naturaleza arquetípica. Era la fuente de la vida y de la verdad, era la fuente de todas las ideas de vida y de verdad, y, sin embargo, se manifestó en el espacio. »Y he aquí que, de pronto, sin ningún cambio de dirección, la luz se dejó ver en un solo punto. Y en este punto estaba la idea de doce; pero no un "doce" que pueda ser contado, que sea divisible en unidades, sino la idea de doce que se halla en todos nuestros conceptos de doce; incomprensible salvo dentro de la divinidad. Y pasando incluso a través de esta luz [...], llegué hasta la idea arquetípica del Padre. Pero entonces la comprensión y el dominio comenzaron a palidecer, y la oscuridad del espíritu tomó insensiblemente su lugar a causa del debilitamiento del yo. Por un momento me pareció ver a un nivel inferior una representación de la idea del siete. Pero esta idea, ¿era objetiva o sugerida por la imaginación? No lo pude distinguir. Y en seguida la conciencia se instaló de nuevo en el cuerpo».

 Se ve que el autor es matemático y que ha leído a bastantes teólogos y filósofos. Lo que nos dice sobre la percepciónde la luz, sobre la dirección de la fuente de luz, sobre la fuente de las ideas de vida y de verdad, nos hace pensar que la imprecisión y la vaguedad con las que son descritas ciertas experiencias similares se deben, sobre todo, a la falta de cultura filosófica de sus autores. Lo que se nos presenta como «imposible de describir» o más allá de la comprensión no se debe sólo al contenido de la experiencia, sino también a la insuficiencia filosófica del autor del relato. A diferencia de los otros ejemplos modernos que acabo de citar, esta experiencia es la de un creyente revestido de filósofo. Se trata del éxtasis de un hombre ya predispuesto por sus numerosas experiencias de «abandono del cuerpo» y espiritualmente preparado por su fe y su filosofía religiosas.
En estas circunstancias, según nos revela el autor, este encuentro con la luz divina no ha supuesto una ruptura en su vida, como era el caso, por ejemplo, del doctor Bucke, sino que le sirvió para profundizar su fe y esclarecerla filosóficamente.

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