Parece que hay un colectivo de personas a las que la experiencia mística parezca vedada: los científicos. La ciencia,convertida en una propia religión por los más adeptos a ella,considera la experiencia de Dios un simple fenómeno alucinatorio o de una intensa imaginación. Obviamente los hombres de ciencia no van a buscar la theosis,pero esta aparece en algunas ocasiones espontaneamente,entre gente corriente,incluso no creyente,y los científicos no son una excepción.
Un excelente ejemplo y muy conocido entonces fue el sucedido al doctor R. M. Bucke (1837-I902), uno de los más célebres psiquiatras
canadienses de su tiempo. Ocupaba la cátedra de enfermedades nerviosas y mentales en la Western
University de Ontario, y en 1890 fue elegido presidente de la American Medico-Psychological
Association. A la edad de treinta y cinco años tuvo una experiencia singular, que voy a relatar, y que
cambió radicalmente su concepción de la vida. Poco tiempo antes de su muerte publicó un libro, Cosmic
Consciousness, en el cual William James veía una «importante contribución a la psicología». El doctor
Bucke creía que ciertas personas son susceptibles de acceder a un plano superior de conciencia
denominada por él «conciencia cósmica» y cuya realidad le parecía demostrada especialmente por una
experiencia de luz subjetiva. Su libro expone un gran número de experiencias semejantes, desde la de
Buda y la de san Pablo hasta sus contemporáneos. Sus análisis e interpretaciones no presentan más que un
interés mediocre, pero el libro resulta precioso por su documentación, en la que da cuenta de numerosas
experiencias, recogidas especialmente entre sus contemporáneos.
Veamos cómo cuenta el doctor Bucke, en tercera persona, lo que
Veamos cómo cuenta el doctor Bucke, en tercera persona, lo que le sucedió una tarde de primavera: tras
una velada pasada con unos amigos, leyendo a poetas —Wordsworth, Shelley, Keats y sobre todo
Whitman—, se retiró a medianoche y dio un largo paseo en un cab (se encontraba en Inglaterra).
«Me
hallaba en un estado de plácida alegría. De repente me encontré envuelto en una nube de color de fuego.
Por un instante pensé que se trataba de un fuego, de un brusco incendio en la gran ciudad, pero pronto me di cuenta de que la luz se encontraba en mi mismo. Inmediatamente me invadió un sentimiento de
exaltación, un sentimiento de inmensa alegría, acompañado y seguido de una iluminación intelectual
imposible de describir. En mi cerebro flotó un rápido destello del esplendor brahamánico que desde
entonces iluminó mi vida; sobre mi corazón cayó una gota de brahamánica beatitud, dejándome para
siempre un regusto del cielo [...]. Vi y supe que el cosmos no es la materia muerta, sino una presencia
viviente; que el alma humana es inmortal [...], que el principio fundamental del mundo es lo que nosotros
llamamos amor y que, a la larga, la dicha de cada uno está plenamente asegurada. Aprendí en algunos
segundos de iluminación más de lo que había aprendido en los meses e incluso en los años anteriores de
estudio, aprendiendo muchas cosas que ningún estudio me hubiese podido enseñar».
El doctor Bucke añade que en el resto de su vida jamás volvió a tener experiencia semejante. Y he aquí
sus conclusiones: la realización de la conciencia cósmica se traduce por la sensación de quedar inmerso
en una llama o en una nube rosada o, mejor todavía, por la sensación de que el propio espíritu (mirad) se
sumerge en una nube o en una bruma. Esta sensación es acompañada de una emoción de alegría, de
confianza, de triunfo, de «salvación». A esta experiencia la acompaña, simultánea o inmediatamente
después, una iluminación intelectual imposible de describir. Cabe destacar que el doctor Bucke,como psiquatra,era un gran conocedor de la mente humana y de su funcionamiento normal y anormal,y en momento alguno consideró su experiencia un episodio alucinatorio.
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