LA EXPERIENCIA MÍSTICA

LA EXPERIENCIA MÍSTICA

LAS EPIFANÍAS DE LUZ EN EL HINDUÍSMO.

En los textos sagrados del hinduísmo se manifiesta claramente que la teofanía ejemplar consiste en un resplandor deslumbrante. Recuérdese el famoso capítulo XI, donde Krishna se revela a Arjuna bajo su verdadera forma, que es esencialmente una forma ígnea.

 "Si dos millares de soles irradiasen todos a la vez su esplendor en el cielo sería entonces como la luz del magnánimo (XI, 12). Tal como yo te veo –¿quién te ha visto jamás?– con tu halo brillante como la claridad de la llama y del sol inmenso (17). Sin comienzo, sin medio, sin fin, infinitamente potente. ¡Infinitamente fuerte! La luna y el sol son tus ojos. Tal como yo te veo, con el rostro resplandeciente de fuego, tu resplandor ilumina el mundo (19). ¡Tú llegas a los sencillos, tú brillas con mil colores, tu boca es amplia, tus grandes ojos son abarcadores! Tus bocas de dientes brillantes parecen ser el fuego de la aniquilación (24-25)."

Este ejemplo, sin embargo, es sólo el más conocido entre las innumerables teofanías luminosas del Mahâbhârata y de los Purânas. El Harivamsha relata el viaje de Krishna, Arjuna y un brahmán hacia el océano septentrional. Krishna ordena a las aguas que se retiren, y los tres atraviesan el océano como entre dos muros acuáticos. Después llegan ante unas majestuosas montañas y, a la orden de Krishna, las montañas desaparecen. Penetran por último en una región de nieblas y los caballos se detienen. Krishna golpea la niebla con su cakra* y la niebla se disipa. Entonces Arjuna y el brahmán perciben una luz extremadamente brillante en la cual Krishna acaba por fundirse. Más tarde Krishna revela a Arjuna que esta luz era su verdadero ser. En el libro XII del Mahâbhârata, Vishnu se manifiesta en un relámpago comparable a la irradiación de mil soles. Y el texto añade: «Penetrando en esta luz, los mortales instruidos en el yoga alcanzan la liberación final».

Este mismo libro XII relata la historia de tres sabios que, en un país al norte del monte Meru, habían practicado la ascesis durante mil años a fin de poder contemplar la forma real de Nârâyana. Una voz del cielo les ordenó dirigirse al norte del Océano de Leche, en la Svetadvipa, la misteriosa «Isla Blanca» de la mitología india cuyo simbolismo es solidario a la vez de la metafísica de la luz y de la gnosis soteriológica. Los sabios llegan a Svetadvipa, pero una vez allí son cegados por la luz emanada de Nárâyana. Entonces practican la ascesis durante cien años más, hasta que comienzan a distinguir hombres blancos como la luna. «El halo de cada uno de estos hombres –precisa el texto– parecía el resplandor difundido por el sol cuando se acerca el momento de la disolución del universo.» Repentinamente, los tres sabios perciben una luz comparable a la irradiada por mil soles. Es la epifanía de Nârâyana. Y el pueblo entero de la Svetadvipa acudió hacia la luz y la veneró con plegarias y genuflexiones. Este último ejemplo ilustra un doble hecho: que la luz es la esencia misma de la divinidad y que los seres místicamente perfectos son resplandecientes.

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