Ideas similares se encuentran también en el budismo. El propio Buda dijo en el Dîghanikâya que el signo
anterior a la manifestación de Brahmâ es «la luz que se eleva y la gloria que brilla». Un sûtra chino afirma
que «en el Rûpaloka, gracias a la práctica de la contemplación y a la ausencia de todo deseo impuro, los
dioses (= devas) alcanzan (una especie de) samadhi conocido con el nombre de «relámpago de fuego»
(agnidhatu samadhi) y sus cuerpos llegan a ser más gloriosos que el sol y la luna. «Esta gloria excelsa es
el resultado de su perfecta pureza de corazón».
Según el Abhidharmakosa, los dioses de la clase Brahmâ
son blancos como la plata, mientras que los que pertenecen a la de Rûpadhâtu son amarillos y blancos.
Para otros textos budistas, las dieciocho clases de dioses tienen cuerpos que brillan como la plata y
habitan en palacios amarillos como el oro.
A fortiori, el Buda es imaginado como radiante de luz. En Amaravâti está representado bajo la forma de
una columna de fuego. Después de una plática –cuenta él– «me convertí en una llama y me elevé por los
aires hasta una altura de siete palmeras»(Dîghanikâya, III, 27). Las dos imágenes de superación de la
condición humana –la luminosidad ígnea (la «ignición») y la ascensión– son aquí utilizadas
conjuntamente.
El resplandor de Buda viene siendo casi un clisé en los textos (cf. Divyâvadâna,. 46-47,
75; Dhammapâda, XXVI, 5I, etc.). Las estatuas de la escuela de Gandhâra representan las llamas saliendo
del cuerpo del Buda, en particular de su espalda. En los frescos murales del Asia Central, además de los
Budas, también son representados así los arhat: con llamas de diversos colores surgiendo de su espalda.
En algunos casos figura que Buda vuela por los aires, lo cual ha dado lugar a confundir las llamas con
alas.
Que esta luz es de esencia yóguica, o sea, resultado de la realización experimental de un estado
trascendente, no condicionado, lo afirman numerosos textos. Cuando Buda está en samâdhi, dice el
Lalitavistara, «un rayo, llamado "ornamento de la luz de la gnosis" (jnânâlokâlanâkram nâma rasmih),
saliendo de la abertura de la protuberancia craneana (usnîsa), juega por encima de su cabeza». Por eso la
iconografía representa a Buda con una llama que se eleva por encima de su cabeza. A. K. Coomaraswamy
recuerda esta cuestión del Saddharmapundarfka (p. 467): «¡A causa de qué gnosis (jnâna) brilla la
protuberancia craneana del Tathâgata!» Y encuentra la respuesta en un verso de la Bhagavad-gîtâ (XIV,
11): «Cuando existe la gnosis, la luz brilla en los orificios del cuerpo». El esplendor de los cuerpos es,
pues, un síndrome de la trascendencia de todo estado no condicionado: los dioses, los hombres y los
budas resplandecen cuando están en samâdhi; dicho de otro modo: cuando se identifican con la realidad
última, con el ser. Según las tradiciones elaboradas por el budismo chino, cinco luces brillan en el
nacimiento de cada buda y una llama brota de su cadáver. Cada buda puede iluminar el mundo entero con
la sola luz que emana de su entrecejo. Se sabe que el Buda de la luz ilimitada, Amitâ, es el centro del
amidismo, escuela mística que concede una importancia capital a la experiencia de la luz.
O
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